ESTUDIOS ANTOPOLÓGICOS 1999 | Samy Benmayor

ESTUDIOS ANTOPOLÓGICOS 1999

Galería AMS Malborough, Santiago de Chile, 1999

Ritmos plásticos salvajemente armonizados

Como diferencia fundamental entre la fotografía y la pintura / dibujo, se argumentó que la fotografía reproduce esencial y objetivamente sólo lo que existe como objeto, lo que proyecta una existencia y lo que está ahí. La pintura y el dibujo, en su evolución, caracterizada por cambios veloces y cada vez más acelerados en los últimos decenios, se han orientado y ampliado crecientemente hacia una nueva dimensión gráfica. Fue sobre todo en los años 80 e nque los puntos esenciales de este fenómeno se ubican en el entrelazamiento de la pintura y la gráfica, de acuerdo a las distintas realidades nacionales, ya sea por la diferenciación o por las especificidades propias de cada país. La generación de los llamados Nuevos Rebeldes no sólo supo combinar en un mismo espacio el arte de la línea con el arte del color, sino también las tendencias abstractas con las figurativas propias del pasado, logrando, por así decirlo, una recreación del cuadro. El cuadro pintado / dibujado volvería renovado como algo desarrollado desde sí mismo, como un crisol cuyo contenido se transforma continuamente.
Desde este punto de vista el collage, que se desarrolló a comienzos de este siglo, adquiere un significado particular: la calidad pictórica y gráfica del collage apunta a la permanente posiblidad de cubrir partes de la composición de un cuadro y superponer otras, también apunta a capas omitidas de ciertas partes, así como a la posibilidad de unir todo con cada una de las partes, una realidad estética que actualmente se desarrolla en el mundo digital. Sin embargo, estas radicales ideas de modificación de cuadros no se han elaborado en el mundo del dibujo digital, sino que se han desarrollado más bien en la unión de la pintura y el dibujo, que tiene una mayor fuerza de crecimiento, además de ser más sintética.
Se debe manifestar estos pensamientos aunque aquí se trate de una afirmación concreta respecto de la obra artística y en particular los trabajos recientes de Samy Benmayor. El campo de la pintura y de la gráfica contemporáneas está tan interrelacionado que, con todo respeto a las posiciones artísticas individuales, es requisito establecer un marco mayor en que el vínculo de éstas adquiere significado.
Siguiendo las tradiciones de la nueva pintura rebelde de los años 80, Benmayor desarrolla esa línea artística en forma consecuente. Lo que distingue su pintura y su gráfica de los últimos años es una sensibilidad cada vez más elaborada en esa dirección artística. El fenómeno de lo sintético -la facultad de unir lo permanente y lo absoluto- es utilizado y dominado por él a través de un método artístico crecientemente autónomo. Sistemas de líneas gráficas diferenciados se vuelcan hacia un mundo complejo y sensiblemente guiado que se mueve permanentemente entre los polos del relato del objeto y su expresión abstracta. Del Mismo modo utiliza también la aplicación de la pintura -los trazos, combinación y superposición de colores- en cada vez más complejos ritmos de movimiento entre estos dos polos figurativos (el relato y la abstracción). La composición de sus cuadros deriva en expresiones narrativas que, sin negar su sentido de lo decorativo -en el sentido de una línea ornamental aparentemente infinita, como en el sentido de un relato cada vez más amplio- representan siempre de nuevo renovadas situaciones de apertura pictórica.
Lo que caracteriza en forma muy particular las cualidades artísticas de Samy Benmayor es precisamente este aspecto visible de unión de las más diversas situaciones pictóricas que lo empujan a superar incluso su soberanía plástica. Su mundo artístico está marcado por el ritmo tan especial de la construcción de estas conexiones, un ritmo que no se fija solamente en la cadencia de impulsos individuales, sino que al mismo tiempo se esmera en lograr una melodía integrada, un particular volumen de sonido que se desarrolla entre los diferentes elementos del cuadro.
Por lo tanto, Samy Benmayor compone sus obras en forma análoga a una pieza musical. Utiliza un repertorio cada vez más amplio de elementos pictóricos, donde lo decisivo no es el contenido, sino el aspecto de apertura. Las composiciones pueden y deben encajar una con otra, deben estar impregnadas por una misma melodía básica individual y proyectar una clara representación del objetivo que significa llevar siempre adelante esa melodía fundamental.

por Peter Assmann



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La mitología del viento
Acuarela 76 x 57cm.

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